2 agosto, 2021

La importancia de la fertilización Postcosecha o “de Reserva”

La fertilización de reserva es una instancia clave para el cultivo, sin embargo, suele pasar desapercibida por la vorágine que implica la cosecha y el fin del ciclo productivo. Nuestro Gerente del Área de Investigación y Desarrollo (I+D), el Ing. Agr. Juan Pablo Mestre, nos cuenta acerca de la importancia de esta fertilización sobre el rendimiento del próximo ciclo.

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Ing.Agr. Juan Pablo Mestre. Gerente de I+D, Bioaggil Argentina

¿Qué es la fertilización postcosecha o “de reserva” y por qué es tan importante?

La fertilización de reserva, llamada comúnmente de postcosecha, es el aporte de nutrientes al cultivo con el objetivo de reponer el consumo que fue necesario para el crecimiento vegetativo y producción de la campaña que está terminando y, principalmente, preparar a la planta para el inicio del próximo ciclo vegetativo.

En los frutales de hoja caduca, los procesos de floración, brotación y la etapa inicial del crecimiento vegetativo, dependen exclusivamente de las reservas que tenga la planta acumulada en tejidos como tallos, yemas, troncos y raíces, tomando vital importancia la fertilización de reserva.

La absorción de nutrientes desde el suelo en la primavera o verano, se inicia con un desfase respecto al crecimiento de brotes, por lo cual, una buena acumulación de reservas al final del ciclo anterior es clave para el correcto arranque del cultivo.

En resumen, durante el periodo que transcurre entre el inicio de brotación y la activación del sistema de raíces, el desarrollo del cultivo estará limitado a la cantidad de reservas que este haya podido acumular durante el ciclo anterior.

¿Cuál es el momento oportuno para realizar la fertilización de reserva?

Ing.Agr. Juan Pablo Mestre. Gerente de I+D, Bioaggil Argentina

Para que una fertilización de reserva o postcosecha sea eficiente, el punto de partida es contar con un follaje sano y un sistema de raíces activo.

Muchas veces, durante la vorágine de la cosecha, se descuida el cultivo y, a la hora de retomar la fertilización, el perfil de suelo ha perdido la humedad, comienzan algunas decoloraciones en el follaje, o incluso, ha decaído el estado sanitario del mismo. Es fundamental que estos aspectos no se descuiden nunca para dar sustentabilidad al cultivo en el tiempo.

En cultivos de cosechas tempranas como almendro, variedades tempranas de durazno, cerezo, uva de mesa o pasa, el periodo para aplicar la fertilización de reserva es un poco más amplio y se desarrolla con condiciones ambientales óptimas. Es una gran oportunidad para reponer los nutrientes extraídos por la producción y para efectuar correcciones de carencias nutricionales que se hayan detectado durante la temporada. Las fertilizaciones podrán comenzar una semana antes de cosecha y prolongarse un mes, o más, dependiendo de las condiciones ambientales y de la sanidad del cultivo.

Para cultivos de cosechas más tardías como uva de vinificar, olivo o nogal, la ventana de aplicación de la postcosecha es más acotada. En estos casos recomendamos comenzar con el aporte de nutrientes aún con la producción en la planta, tal vez 15 o 20 días antes de cosecha, y finalizar cuando las temperaturas hayan bajado y comiencen a notarse las primeras decoloraciones del follaje.

Si esperamos a levantar la producción y luego fertilizar, las condiciones de otoño habrán inducido a la planta a bajar su actividad metabólica y a prepararse para el invierno. En esas condiciones la absorción y translocación de nutrientes es muy baja y las fertilizaciones de reserva son poco efectivas. Tenemos que tener en cuenta que desde que aportamos el fertilizante al suelo, la planta debe absorberlo, transportarlo a las hojas, metabolizarlo y traslocarlo a los tejidos de reservas. Este proceso puede tardar desde 12 días hasta 20 o 25 días, dependiendo de las condiciones ambientales y del estado del cultivo.

Respecto a la actividad del sistema de raíces, es importante realizar un monitoreo constante mediante calicatas o Rhizotron. En la mayoría de los casos se produce un crecimiento de raíces hacia el final del verano y principio del otoño. Este momento es el más adecuado para aplicar nutrientes de baja movilidad en el suelo como Fósforo, Potasio y Magnesio.

Casos particulares en la provincia de San Juan:

  • Olivo: Si bien el olivo no es un cultivo de hoja caduca, tiene su etapa de receso vegetativo en invierno, luego de la cosecha. Cuando las temperaturas vuelven a levantar en septiembre-octubre, la planta se reactiva y comienza la floración, cuaje y crecimiento de brindillas. En esta etapa fenológica, la demanda de nutrientes es muy alta, y para garantizar la disponibilidad de elementos dentro de la planta habrá sido necesario fertilizar durante la etapa de maduración y acumulación de aceite (febrero-mayo). De esta manera el cultivo habrá logrado una correcta maduración de la fruta y a su vez, habrá reservado nutrientes en los tejidos de reserva (madera y raíces) para la próxima campaña.
  • Uva para pasa en sistema DOV (Dry on vine)

El sistema DOV o secado en la planta, consiste en cortar las guías de un hemisferio de la planta en verano con el objetivo de lograr el secado de la uva en la planta, evitando gastos de mano de obra (cosecha, tendido y volteo) y permitiendo mecanizar la cosecha de la uva una vez deshidratada.

Este es un sistema que exige una especial atención a la fertilización de reservas, ya que al ejecutar el corte de las guías durante el verano (previo a la traslocación de nutrientes), se produce una reducción del área foliar y, por ende, una reducción en la cantidad de elementos que estaban dispuestos a traslocarse a los tejidos de reservas. Esto provoca una situación de estrés especial en la planta y altera el balance nutricional de la misma.

En estos casos la fertilización de reservas debe iniciarse inmediatamente después del corte de las guías, y deberá considerarse la extracción de nutrientes que se produce con el corte de brotes verdes, además de lo extraído por la uva, para no entrar en un ciclo de degradación de nutrientes en las reservas y asegurar la sostenibilidad en el tiempo de la producción y la calidad.

¿Qué nutrientes deben aplicarse y de qué manera?

Por lo general las fertilizaciones de este tipo apuntan a los elementos que se consumen en mayores cantidades. En estos nutrientes están incluidos el Nitrógeno, Fósforo, Potasio y Magnesio.

La mejor manera de aplicar estos elementos es vía suelo.

Si contamos con sistema de riego por goteo lo más práctico y eficiente es utilizar fertilizantes líquidos.

Como la ventana de aplicación es acotada, debemos utilizar soluciones complejas (de dos o más nutrientes) y a su vez, de la mayor concentración posible. De esta manera aprovechamos más cada evento de fertirriego y nos anticipamos a los días más fríos del otoño.

En Bioaggil Argentina hemos desarrollado soluciones multinutrientes de alta concentración, que se ajustan a distintas situaciones de cultivo y de campo. Esto hace que el aprovechamiento por parte del cultivo sea óptimo y que podamos cumplir con el objetivo de esta fertilización de reservas.

En caso de no contar riego por goteo, pueden aplicarse fertilizantes granulados, o Biofertilizantes. Estos últimos, además de aportar nutrientes, aportan materia orgánica, ácidos húmicos y fúlvicos y microorganismos (Bacterias Promotoras del Crecimiento Radicular PGPR) que estimulan el crecimiento de las raíces y aumentan el aprovechamiento de los nutrientes del mismo fertilizante y del suelo. Con estos Biofertilizantes de la línea Italpollina (Guanito, Dix, Italpollina y Phenix) se logra también una liberación lenta de los nutrientes que evita que estos se laven con el riego, permitiéndonos realizar la aplicación con más tiempo, antes de la cosecha.

En caso de aplicaciones foliares, éstas se recomiendan para mantener el follaje activo. Pueden agregarse bioestimulantes a base de aminoácidos y microelementos que ayudan a que la hoja permanezca más tiempo en actividad, para un mayor aprovechamiento de la fertilización edáfica.